Para el Estudio del Evangelio del domingo XVII t.o. A 27 julio 2008
“Conocer a Jesucristo lo es todo”
Lo que no se conoce, no se ama. A quien no se le conoce, no se le puede amar. Como mucho, se le puede admirar su doctrina, pero no amar. Decimos que somos cristianos porque seguimos a Jesucristo, una Persona. NO una ideología, o una doctrina, o una moral. Ser cristiano no es fundamentalmente trabajar unos valores, por muy buenos que sean. Ser cristiano es estar enamorado de una Persona, Jesucristo. Amarlo porque lo conocemos (con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con todo nuestro espíritu) y en ese conocimiento hemos descubierto el derroche de amor que ha tenido con nosotros, conmigo; hasta el punto de haber dado la última gota de su sangre por nosotros; hasta el punto de encontrar sentido a nuestra vida en Él, aunque las cosas no nos salgan bien.
Lo conocemos en el Evangelio para poderlo recocer después en la vida, en los acontecimientos, en las personas… De eso se trata. Ir una y otra vez al Evangelio (comulgar el evangelio, orarlo) para conocer a Jesucristo. Es ahí, y reconociéndolo en la vida, como podemos hacer la verdadera experiencia espiritual: la experiencia de Jesucristo, la experiencia de Dios. La experiencia de Dios es lo más original que podemos ofrecer nosotros al mundo y nadie ofrece lo que no tiene; es lo más original que podemos ofrecer nosotros a los pobres (¿o es que solo hacemos cosas buenas y nos comprometemos en las trasformación de este mundo los que decimos creer en Jesucristo?). Claro que no lo podremos ofrecer tampoco si no nos encarnamos entre ellos de una manera significativa; si no hacemos nuestra su causa; si no colaboramos para que ellos y, nosotros junto a ellos, descubramos que el proyecto que Dios tiene sobre ellos y sobre mí, revelado en Jesucristo; es responder, crecer como persona, seguir la vocación a la “humanización” nuestra y del mundo según su proyecto manifestado en Cristo. Responder a esa “humanización” de la mano de Jesús, el HOMBRE (varón y mujer) en plenitud y ayudados por su gracia.
No podremos ofrecer la Buena Noticia a los pobres, la experiencia que hacemos de Dios, si no colaboramos a hacer de este mundo Reino de Dios: Reino de Justicia, de Amor y de Paz. Es decir, colaborando para facilitar el terreno donde todos nos podamos reconocer en nuestra dignidad de personas y de hijos del mismo Padre. Y esto solo puede hacerse con amor (caridad) y justicia. Trabajar el amor y la justicia como expresión del amor y solidaridad de Dios con nosotros. Compromiso con el amor y la justicia que celebramos y que nos viene renovado y regalo en la Eucaristía. Necesitamos escuchar en el contexto eucarístico una y otra vez “Podéis ir en paz” para seguir poniendo la mesa del Reino en el mundo donde tienen un lugar privilegiado los pobres.
Conocer a Jesucristo, vivir desde y en Jesucristo, dejándonos cristificar es tener a Jesucristo como nuestro absoluto, como nuestro sólo y único Maestro. Por eso nos situamos todos como discípulos y apóstoles unos de otros. Él es “el TESORO” escondido por el que vendemos todo y colaboramos con Él para enriquecer a los pobres con nuestra pobreza. Él es la perla por la que nos despojamos de todo para conseguirla.
El Reino de Dios es la red. La red es Jesucristo, capaz de acoger a todos en Él. Unos acogerán su reinado (de justicia, amor y paz); estos son los justos, los que hacen, viven la justicia de Dios; otros lo rechazarán, los que ni responden a la vocación de humanización que viene de Dios ni dejan que otros respondan, porque, en vez de colaborar a la humanización, deshumanizan. Los unos serán plenamente felices; los otros serán plenamente infelices. Pero no sigas a Jesucristo para ser feliz, síguelo por amor a Él mismo y harás la experiencia de la felicidad en el seguimiento.
A continuación tienes el texto del Evangelio, por si quieres hacer tu “Estudio de Evangelio”. Una vez más, las pistas que nos ofrece Pepelu, te servirán y ayudarán. Te las envío en formato .rtf (que lo puedes abrir con Word, para asegurar que va sin “virus”. No puedo todavía enviarlo con formato .pdf, ya perdonarás: orar-17c2badomto-a-27julio-08-mt-1344-52
Mt 13,44-52
44 «El reino de Dios es semejante a un tesoro escondido en el campo. El que lo encuentra lo esconde y, lleno de alegría va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo».
45 «El reino de Dios es semejante a un mercader que busca perlas preciosas. 46 Cuando encuentra una de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra».
47 «El reino de Dios es semejante a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces; 48 cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla, se sientan, recogen los buenos en cestos y tiran los malos. 49 Así será al fin del mundo. Vendrán los ángeles, separarán a los malos de los justos 50 y los echarán al horno ardiente: allí será el llanto y el crujir de dientes.51 ¿Habéis entendido todo esto?». Le contestaron: «¡Sí!». 52 Y él les dijo: «Por eso, el maestro de la ley que se ha hecho discípulo del reino de Dios es como el amo de la casa que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas».

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