VIVIR CON YONKYS

 

 

VIVIR CON YONKYS

    A ellos les estoy agradecido, a ellos les debo la nueva ilusión que vivo y que esté en uno de los mejores momentos de mi vida y de mi sacerdocio“.

 

Suena duro, ¿verdad? Pero no se puede ocultar una realidad, el yonky en su significado más literal quiere decir “basura”, el desecho.

Vivo gran parte del día codo a codo con personas drogadictas, de todas las edades y capas sociales. Les decimos “nuestros niños y niñas”. Al terminar el trabajo vuelvo a casa en donde convivo con ocho personas más que están haciendo lo mismo que yo: formarnos para ser terapeutas del Proyecto Hombre Granada.

Desde ya, os digo, que esto es una auténtica gozada y una bendición de Dios. Entre trabajo de fregar, barrer, cocinar, limpiar cristales, lágrimas, suspiros. llamadas de atención, risas y otros sentimientos más, transcurre gran parte de mi vida en una comunidad terapéutica que tiene un ritmo de trabajo de autogestión en lo referente a la marcha de la casa, y de autoayuda en lo referente al proceso personal. El protagonista de la historia es cada persona, y ella debe desarrollar todas sus potencialidades, pues aunque no se le encuentre sentido a la vida, la vida si que espera de cada uno de ellos y de ellas lo mejor.

Así pues, lo que os quiero contar es mi experiencia personal de formación como precursista (así nos llaman) en la Asociación Proyecto Hombre de Sevilla y que muy pronto tendremos en las diócesis de Granada y Guadix conjuntamente. Lo más genuino es lo que se vive, lo que se palpa y lo que se aprende cuando uno se deja enseñar e impresionar: “lo
que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, pues la Vida se manifestó, y
nosotros la hemos visto y damos testimonio”
(1 Jn 1,1-4)

Esto me lo creo y lo vivo: “Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones
y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte

(2 Cor 12,9b-10).
A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros, a él la gloria en la Iglesia y
en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén

(Ef 3,14-21).

Así va transcurriendo mi existencia y así la voy viviendo, como un estudio de Evangelio que se hace vida en cada momento y en cada circunstancia. Eso de que la Palabra es viva y eficaz y que si cae en tierra buena no volverá vacía (Cf. Heb 4, l2; Is 55,10-11) se va cumpliendo en cada jornada, en cada momento que pasa de convivencia.

Se vive en comunidad, con lo que esa palabra COMUNIDAD implica: relaciones personales a tope, relaciones de familia (calidez, AMOR responsable), relaciones de auténtica amistad y de DAR LA VIDA el uno por el otro. Relaciones de decirnos el uno al otro las cosas claramente, sin tapujos, sin prejuicios, sin comentarios de terceras personas o hablar mal del ausente, de corregir comportamientos básicos y elementales que llevan tras de sí un montón de actitudes, de seguimiento y revisión continua que expresa la auténtica preocupación por el otro, de mucha comunicación y mucha logoterapia. Es experimentar el fracaso y la impotencia ante un abandono o una recaída. Es experimentar el que es posible cambiar si uno así lo quiere. Es experimentar ese Proyecto de Persona que todos llevamos dentro y que, por la razón que sea, en algunas personas se ha truncado, en otras no se ha realizado y en otras ni siquiera ha empezado. Es experimentar que yo soy igual y que siento igual ante hechos y situaciones similares, sólo que no llegué a la droga. Es experimentar que la persona no sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta.

Humildemente tengo que decir que los “yonkys” con los que vivo —Rafael, Emma, Mario, Oscar, Farid, Darío, Miguel Ángel, Anneke, Gerardo, Antonio, Rocío, Teresa, Juan Antonio, Jesús Israel, Manuel, Mercedes,…- me están enseñando a ser terapeuta, a ser director-presidente, a sacar lo mejor de mí y a fijarme con más esmero en lo que cada persona puede aportar a la propia vida y a la de los demás. A ellos les estoy agradecido, a ellos les debo la nueva ilusión que vivo y que esté en uno de los mejores momentos de mi vida y de mi sacerdocio. A ellos les debo eso de que los pobres nos evangelizan y que las prostitutas nos llevan la delantera en el reino de los cielos o que a los pobres y humildes se les revela la verdad, y son liberados los presos, los ciegos ven y sobre buenos y malos, justos e injustos hace llover y salir su sol (Cf. Lc 10,21-22; 4,18-19; Mc 2, 17; Mt 5,43-48).

Me dicen: “José Maria ¿no crees que esta experiencia tendrían que pasarla muchas personas aunque no hayan tenido problema con la droga?” Yo les digo que sí y que el que la haga no quedará defraudado pese a las dificultades, miedos, resistencias y dureza de cada momento y situación, pero el que “algo quiere, algo le cuesta”; y, hacer personas es duro y difícil, bonito y una buena labor. Desintoxicar, se consigue en quince días o en un mes, pero para hacer personas se necesita tiempo, dedicación, esmero y paciencia; se necesita estar atentos a cada palabra y comportamiento para no dejar lagunas y huecos irrellenables. Por eso, cada día, como si de una Eucaristía se tratara, pido al Cristo de la vida que me inspire la palabra y el gesto oportuno frente al hermano solo y desamparado, que me ayude a estar disponible frente al que se sienta deprimido y abandonado, para que en todos se encuentre un motivo de esperanza, una puerta abierta que permita salir de la droga y de otras muchas ataduras a toda persona que sienta esclava o en situación similar (Cf. Plegaria Eucarística V/b).

Y, ahora queda una labor todavía más bonita y arriesgada: poner en marcha nuestro Proyecto Hombre Granada con centros en Granada, Guadix y Motril. Abrazarlo como algo nuestro que necesita el impulso y la ilusión de todos los que apostamos por las personas, estén en la situación que estén. Por eso, desde una ayuda económica hasta unas horas de voluntariado, pasando por la donación de cualquier objeto para una casa, etc, etc… nos son necesarios para mantenemos y hacer realidad la ilusión que con motivo del Jubileo del año 2000 nos propusimos: crear Proyecto Hombre en nuestras diócesis, crear algo juntos, con sentido de unidad y de pertenencia porque se rompan barreras, fronteras (Cf. Ef 2,14-22; Col 3,9-17; 1 Cor 1,10) a favor de los empobrecidos y excluidos.

Queda también una enseñanza para mi vida pastoral y ministerial: poner en marcha el ministerio pastoral de la escucha activa y desinteresada, sin prisas, acogiendo al otro (hombre y mujer) y al Otro (el Dios de la Vida) desde el día a día, el aquí y el ahora. Y una afirmación de fe: “Te doy gracias, Padre de la Vida, porque has ocultado estas cosas a sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla y excluida. Sí, Padre, así te ha parecido mejor” (Mt 11,25-30).

 

De la Revista “El Prado” nº 168

 

José Mª Tortosa Alarcón

                                        Guadix-Baza

~ por manolobarco en marzo 12, 2008.

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