“¡Queremos ver a Jesús!”

______________________

 

 

Habíamos ido a Jerusalén a celebrar la Pascua de los judíos. En Grecia conocimos a algunos judíos y eso hizo que en Besaida mantuviésemos buena relación con ellos. El contacto con ellos nos ayudó también a conocer lo que, para el ese pueblo, su ponía la Ley.  Nos interesamos por lo que para los judíos era la revelación de su Dios y nos atraía la Promesa que habían recibido de la presencia del Mesías. Aunque nosotros no teníamos su religión, sin embargo nos iba interesando cada vez más lo que sus profetas anunciaban sobre ese posible Mesías que vendría a traer la liberación.

Ya habíamos ido algunas veces a celebrar con ellos, en Jerusalén, lo que para ellos significa la pascua. En Betsaida se oía hablar de un hombre de Nazaret que algunos decían que era el Mesías. La realidad que vivíamos, nuestros deseos y aspiraciones más profundas que teníamos, las características con las que le definían  quienes afirmaban que era el Mesías, nos habían ido atrayendo enormemente y deseábamos con todas nuestras fuerzas conocerlo. En el fondo sentíamos una cierta envidia por los que se confesaban seguidores del Nazareno. Por lo que íbamos conociendo, nos parecía que podía ser él quien diera respuesta a nuestras aspiraciones más profundas y quien nos pudiera marcar el camino a seguir en nuestra vida. Es verdad que otros judíos, y sobre todo los dirigentes de Jerusalén, lo negaban y le consideraban como un impostor. Pero dichos dirigentes arremetían contra con los judíos de Betsaida, contra los que vivían en lo que denominaban “Galilea de los gentiles” porque les consideraban poco fieles a la religión por estar mezclados con los que nos llamaban “paganos”. Pensaban que habían perdido la pureza de la fe.

Entre los seguidores de Jesús había algunos que eran de Betsaida, y cuyo mismo nombre tenía origen griego. Entre ellos estaban un Felipe y un tal Adrés.

Al estar en Jerusalén, para celebrar con los judíos la fiesta de la Pascua, nos enteramos que andaban por allí el Nazareno. No era difícil dar con él ya que siempre estaba rodeado de gente que le seguía. Nos mezclamos con sus seguidores y con los curiosos que le rodeaban para escucharle y, como alguna relación habíamos tenido con Andres en Betsaida, nos atrevimos a pedirle a intercederle: “Queremos ver a Jesús, nos gustaría conocerle” Como nosotros había más gente. No nos interesaba mucho lo que decían los dirigentes judíos, pero sí que nos atraía el Galileo Judío. Los dirigentes judíos nos miraban con malos ojos,  pues entendían que contribuíamos a que la fe los judíos no fuera tan pura cono a ellos les gustase.

Felipe nos acogió muy bien y algo comentó con otro discípulo, llamado Andrés y los dos fueron a hacer nuestra petición a su Maestro.

El Nazareno, cuando le hablaron de nuestro interés por conocerlo, empezó a decir cosas que a algunos les pudieron parecer muy raras, pero que a nosotros nos confirmaban en la atracción por él. Habló de la hora en que iba a ser glorificado, puso una parábola que revelaba muy bien el dinamismo de su vida hablando del grano de trigo que muere para dar fruto, de perder la vida para ganarla, de lo que le costaba a él que llegase esa hora, pero que para eso había venido al mundo. Después demostró su libertad y valentía arremetiendo contra los que se cerraban al amor de Dios (nos dimos cuenta de que se refería también a los dirigentes judíos) y terminó diciendo: “Cuando sea levantado de la tierra atraeré a todos hacia mí”. Eso fue lo más nos impresionó porque estaba anunciando algo que se hacía verdad ya en nosotros. Nosotros, que no éramos judíos, nos sentíamos atraídos por él y por todo lo que nos estaba revelando. Su amor y su entrega no produciría frutos solamente para los judíos lo acogiesen, sino también para nosotros. Eso fue una verdadera bienaventuranza dirigida también a los que veníamos del paganismo.

También nos dimos cuenta de que toda esa escena que habíamos vivido llevaba un mensaje para sus seguidores de todos los tiempos y para los que, como nosotros, estando fuera, busquen la verdad, necesiten de salvación, deseen conocer al Hijo de Dios y se sientan a traídos por Jesús de Nazaret, el enviado de Dios. Lo mismo que Felipe y Andrés, mezclados con los paganos, son pieza importante para que los que deseen conocer a Jesús se lo puedan presentar y faciliten su acceso a él, así también, a lo largo de la historia, los que creen y conocen a Jesús tienen la encomienda de hacer como Andrés, presentar al Maestro a quienes no creen, a los hombres y mujeres de buena voluntad que desean conocer, encontrarse y confiar en Cristo. En su Pascua, judíos y griegos, religiosos o indiferentes, creyentes y ateos, todos, hemos sido salvados. Su amor y misericordia es para unos y para otros. Y todos los que le conocen han de ser, como Felipe, mediación para llegar al conocimiento de Jesucristo. En el fondo fue también una bienaventuranza para Felipe y Andrés, al tiempo que una llamada que quienes conocemos a Jesucristo, nos mezclemos en los ambientes “paganos”, con los buscan la verdad, con los que son solidarios, con los que tienen una ideología distinta de la “religiosamente correcta”, aunque se nos culpe de tener una fe “poco pura”, y así ser mediadores del conocimiento de Jesucristo.

Buen estudio de Evangelio

Manolo Barco

Aquí tienes las pistas para  hacer tu Estudio de Evangelio: >>>>>>>>>>orar-5c2badomtc-b-29-marzo-09-jn-1220-33

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: