Agustina, mi madre, recibió la definitiva llamada de Dios

 


COMO HOMENAJE A AGUSTINA, MI MADRE, QUE PASÓ DE NUESTRAS MANOS A LAS MANOS DE DIOS PARA SIEMPRE EL PASADO DÍA 10 MAYO (DE 2008). Es una página de mi cuaderno de vida, escrito hace 2 años y publicado ya en este blog.

EL VIERNES, 23 DE ESTE MES DE MAYO, CELEBRAREMOS UNA EUCARISTÍA POR ELLA EN MI PARROQUIA “PATROCINIO DE SAN JOSÉ”, calle PEDRO LABORDE, 78, en MADRID. A LAS 19:30. METRO “ALTO DEL ARENAL”, LINEA 1. GRACIAS POR VUESTRA ORACIÓN.

 

Lucas 2,36-40.

Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.

Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.

Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.

El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

La abuela Ana, la profetisa “se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén”. Había descubierto en el niño de María y José al Mesías y hablaba de él a los cuatro vientos. Esa viejecita, al reconocer en Jesús al Enviado de Dios, se alegró y lo anunció. En ella se nos manifiesta la acción y el conocimiento de Dios. Por lo visto no hacía más, a la edad que tenía, que estar en el templo sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones, amén de reconocer a Dios en la vida –en la vida de un débil niño- y hablar de él a todos los demás.

Me recuerda a mi madre, Agustina: atenta al evangelio, a la oración… Visita la Iglesia de la residencia todos los días dos veces: para la eucaristía y para el rezar el rosario; reza por todos, por la familia, por las situaciones que se viven en la sociedad..; un día me dijo una vecina suya, una de la que se ha hecho muy  amiga: “a tu madre la quiero mucho, pues con ella me desahogo, me da ánimos…”. No tiene inconveniente de hablar y animar a otras también a que vayan a la eucaristía, etc. Un día, cuando fui a verla, estaba decaidilla de ánimos y preocupada por dolores que tenía, por no haber dormido… Yo le dije: “Presenta esos dolores al Señor  y así colaborarás en la redención de la humanidad…”. Ella me miró y dijo: “Pues qué crees que hago? Esta mañana ya se los presentado al Señor”. Le gusta que se le hable del Evangelio y plantear dudas que tiene. Me echa en cara que de tantos cursillos y ejercicios espirituales y “después a mí no me dices de todo eso tanto como a los demás”. Un año fue conmigo a unos ejercicios que di a una comunidad de Carmelitas Vedrunas y ella estaba también en las meditaciones. Recuerdo que al terminar una, nos fuimos a la habitación; ella me abrazó y se emocionó por lo que había escuchado sobre “el discipulado”.

Por otro lado, la profetisa Ana, me recuerda a nuestras abuelas de la parroquia: suelen ser las primeras que van a la iglesia –a veces creo que van porque no tienen otra cosa que hacer- pero rezan, son de las que menos critican alguna homilía que otros no aguantan cuando se subraya el amor de Dios a los pobres. Tienen detrás toda una vida entregada, sufriente y permanecen en la fe en medio del clima de increencia de sus familias; la mayoría han trabajado duro para sacar adelante a los hijos y también a sus nietos. Se saben en las manos de Dios y confían en Él. Son de las más permanentes en las actividades de la parroquia. Sé de algunas de ellas lo dura que le ha sido y le sigue siendo la vida: viudas, con hijos con dificultades en el matrimonio, en el trabajo … ; con nietos con problemas de paro, de droga, de fracaso escolar… Ellas son las que nos traen a todos los suyos a la Eucaristía. Son la imagen creyente en medio de la indiferencia y de la increencia y presentan ante Dios a este barrio nuestro en gran parte destrozado por no pocas desgracias. Tienen un corazón agradecido y nos tratan como a hijos, con toda confianza. Me viene ahora a la mente y al corazón el rostro de todas ellas: Antonia, Juana, Inés, Dolores, María … Más de una vez, Josefa, al irle a dar la paz en la Eucaristía me ha dicho: “Gracias por la Palabra que has comentado…” “Gracias por lo que has dicho en la homilía”, “Tienes razón cuando nos has hablado de la misericordia de Dios”. Durante tantos años como llevo con ellas las he visto gozar y sufrir ante la pérdida del marido, o de un hijo o hija, o ante la situación de su nieto en la droga, o ante la situación de desempleo y precariedad de unos u otros… He visto su rostro desgarrado –no pocas veces- y sus ojos llenos de felicidad y paz otras tantas. Las he visto rezar y las descubro atentas en las celebraciones. Les he oído pedir a Dios por sus familias y les he escuchado pedirme una oración por los suyos. También les he escuchado su silencio, el silencio de los pobres y me ha sabido bien. Les he oído contar su experiencia de lucha y resistencia cuando eran más jóvenes y cuando llegaron al barrio emigradas de otras ciudades y pueblos…. A algunas las he oído expresarse cuando hablamos de la predilección de Dios por los pobres o cuando se defiende a las hermanas y hermanos que han llegado de otros países. Haga frío o calor, ellas siempre están ahí.

Esta mañana (día en que escribo esta página de mi cuaderno de vida), fui a despertar a Agustina, mi madre. Abrí la puerta de la habitación y en ese momento, sin ella saber que llegaba yo, ví que, desde su cama, encendía la luz, se incorporaba, miraba el reloj, hacía la señal de la cruz y se ponía a rezar. Me consta que antes de dormir reza las partes del rosario que no haya rezado antes y lo hace desde la vida y realidad que ella ve y descubre en el mundo, en los suyos, en las noticias de los medios de comunicación. Me quedé mirándola con gran cariño, cerré la puerta y di gracias a Dios porque me parecía que estaba pisando tierra sagrada.

Esta noche, Señor, te presento a Agustina, mi madre, y estas abuelas pobres y sencillas, fuertes en su debilidad y grandes en su pequeñez, humildes y serenas, llenas de fe y confianza en Dios y de cariño a los demás. Señor, solo tú y ellas sabéis lo que han pasado en la vida, lo que han trabajado y luchado, lo que han gozado y sufrido. Yo solo sé, Señor, que como Ana, la abuela viuda del evangelio de hoy, llevan en sus rostros no pocos rasgos del tuyo y con toda sencillez y humildad nos transparentan tu amor y cariño hacia todos nosotros

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4 comentarios to “Agustina, mi madre, recibió la definitiva llamada de Dios”

  1. Lo siento Manolo.

    También yo me acerco a tí en esta noche de puntillas… Sé que sufres y quiero decirte que yo también siento el fallecimiento de tu madre Agustina. Me lo dijo Emilia el otro día y enseguida la recordé contigo y con tu padre, cuando hice las Bodas de Plata… Tengo alguna foto de entonces… y ¡qué guapa está en la de tu Web!…

    ¿Que te voy a decir?. Sabemos que ese día tiene que llegar pero como que no nos lo llegamos a creer del todo… Y por otra parte, no importa que los hijos tengamos más edad, seamos ya muy adultos… Aunque la madre sea muy viejecita, aunque esté muy enferma…, es en este momento, cuando ya no está, cuando realmente sentimos que nos han cortado el “cordón umbilical” que a ella nos unió siempre…

    Tú eres un hombre de fe, un hombre de la Palabra…, y seguro que la experiencia humana, desde la que hace tantos años te habla Dios, hoy, ahora te está gritando palabras de resurrección… Por eso ya sabía, antes de leer tu blog, que esta mujer buena, esa madre sencilla y profundamente cristiana que te dio el ser y que te amó más que nadie, en vida y en muerte ha sido y es para tí un sacramento de la ternura de Dios…

    Que el Señor, en ella y con ella, te siga bendiciendo siempre y continúe haciéndote guiños desde la realidad, desde la hondura, desde la densidad de los acontecimientos de cada día…

    Un abrazo Manolo, un cordial y fraternal abrazo. Mª Jesús

  2. Y Tierra sagrada es, el leer tu página de Cuaderno de vida, así como constatar que nos dejas la mejor fotografía de Agustina.Desde su habitación contemplaba y recordaba todo, pendiente de mil detalles. Damos gracias a Dios por ella, y por ti y le pedimos que nos siga recordando junto al Padre, allí donde no duele nada y se deben verlas cosas de otra manera. Un abrazo grande para ella y para ti. ¡Disfruta de Dios, Agustina¡

  3. Hola, Manolo. Muchas gracias por compartir esto conmigo, pero sobre todo por dejarme acercar a tu madre Agustina. Me gustó mucho conocerla aunque fuera poco. Siempre la recordaré con cariño y sabes que por mi situación, entiendo perfectamente lo que es la pérdida de una madre por eso te envío mi apoyo y un gran abrazo. Sonia

  4. no te conosco, pero doy gracias a Dios porque haya hombres como tu, que reconosca lugar sagrado la habitación de tu madre. no te digo lo siento, sino que en horabuena, pues las madres son todas amor, ternero, disponibilidad,confianza perdon etc., me imagino como tiene que ser Dios, si una madre dererama tanta bondad… coo no sera El- gracias, maria-luisa

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