EL PUEBLO DE HAITÍ…

El Pueblo de Haití llora sangre,

come miseria

y su canto es un profundo quejido

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Una herida, más grande que cualquier otra, se ha abierto en la humanidad y por ella se desangra. Hoy todos contemplamos esa herida, es la nuestra, y todos los Pueblos del mundo, como órganos del mismo cuerpo, intentan acudir a curar esa vía sangrante.

Pero es una herida de muerte y crónica; si no se sigue durante el tiempo necesario curándola, volverá a estar una y otra vez en “situación crítica”. Las causas: el ritmo de la naturaleza, la opresión de aquellos Pueblos que la expoliaron-sometieron-abandonaron y esclavizaron, y la indiferencia de la humanidad de aquellos pueblos que gozan del “estado bien-estar”. Que esto nos sirva para que globalmente trabajemos y luchemos para que todos los Pueblos gocemos del “estado de bien-ser”.

El texto desde donde he contemplado esta situación es del libro de las Lamentaciones que tradicionalmente se le atribuyó al profeta Jeremías; sea o no él autor, no deja de ser un libro de la Biblia.

El pueblo que refleja esta foto-escrita, después de mucho tiempo alcanzó la liberación. Con esta esperanza hemos de trabajar junto con el pueblo de Haití. Es nuestra herida de muerte, es la herida más grave de la humanidad en estos momentos; pero no olvidemos que son muchísimos pueblos los que día a día sangran de muerte también. Es su herida, es nuestra herida; es su sangría, es nuestra sangría. Que en la práctica continuada acertemos a su sanación; será su curación, será nuestra liberación

   Yo vi el hambre

Lm 1:1Su pueblo entero gime buscando pan; Lm 4:4; los pequeñuelos piden pan: no hay quien se lo reparta. Lm 2:12, Dicen ellos a sus madres: «¿Dónde hay pan?», mientras caen desfallecidos, como víctimas, en las plazas de la ciudad, mientras exhalan el espíritu en el regazo de sus madres. Lm 2:11 desfallecen niños y lactantes en las plazas de la ciudad. Lm 5:9 A riesgo de la vida logramos nuestro pan, afrontando la espada del desierto. Lm 4:9  Más dichosos fueron los muertos a cuchillo que los muertos de hambre, Lm 5:10 Nuestra piel abrasa como un horno, a causa del ardor del hambre.  

  Yo vi la miseria

Lm 5:4 A precio de plata bebemos nuestra agua, nuestra leña nos llega por dinero. Lm 5:6 Hacia Egipto tendemos nuestra mano, hacia Asur para quitar el hambre.  Lm 1:7 Jerusalén recuerda sus días de miseria y vida errante, cuando a manos del adversario sucumbía su  pueblo, sin que nadie viniera en su ayuda.  

 Yo vi el terror  

Lm 5:11 Han violado a las mujeres en Sión, a las vírgenes en las ciudades de Judá.  Lm 2:21 Por tierra yacen en las calles niños y ancianos; mis vírgenes y mis jóvenes cayeron a cuchillo;   Lm 2:20   ¿Tenían que ser asesinados en el santuario del Señor sacerdote y profeta?   ¿Tenían las mujeres que comer sus frutos, a sus niños de pecho?   Lm 2:22  Como en día solemne congregaste por todo el ámbito terrores.    

 Yo vi la tristeza de la muerte

 Lm 1:6  De la hija de Sión se ha ido todo su esplendor.   Lm 1:8   y ella misma gime y se vuelve de espaldas.   Lm 1:2 Llora que llora por la noche, y las lágrimas surcan sus mejillas. Ni uno hay que la consuele entre todos sus amantes. Todos sus amigos la han traicionado, ¡se le han trocado en enemigos!  Lm 1:4 Las calzadas de Sión están de luto, ya que nadie viene a las solemnidades. Todas sus puertas desoladas, sus sacerdotes gimiendo, afligidas sus vírgenes, ¡y ella misma en amargura!  Lm 5:15 Ha cesado la alegría de nuestro corazón, se ha trocado en duelo nuestra danza.  Lm 1:9  Su inmundicia se pega a su ropa; no pensó ella en su fin, ¡y ha caído asombrosamente! No hay quien la consuele.  Lm 1:16  Por esto lloro yo; mi ojo, mi ojo se va en agua 

  Yo vi la esclavitud   

Lm 1:18     Mis doncellas y mis jóvenes han ido al cautiverio.  Lm 5:13 Han arrastrado la muela los muchachos, bajo la leña se han doblado los niños.  Lm 5:8 Esclavos nos dominan, nadie nos libra de su mano.  Lm 4:17 Y aún se consumían nuestros ojos, esperando un socorro: ¡ilusión! Desde nuestros oteros oteábamos a una nación incapaz de salvar.   Lm 5:5 El yugo a nuestro cuello, andamos acosados; estamos agotados, no se nos da respiro.  Lm 5:2 Nuestra heredad ha pasado a extranjeros, nuestras casas a extraños.  Lm 1:6   Sus príncipes son como ciervos que no encuentran pasto, caminando van sin fuerzas Lm 1:3: Judá está desterrada, en postración y en extrema servidumbre. Sentada entre las naciones, no encuentra sosiego. La alcanzan todos sus perseguidores entre las angosturas.

 Yo vi al pueblo desolado

Lm 7-54: Terror y fosa es nuestra suerte, desolación y ruina.  Arroyos de lágrimas derraman mis ojos por la ruina de la hija de mi pueblo. Mis ojos fluyen y no cesan; ya no hay alivio hasta que mire y vea Yahveh desde los cielos.  Me hacen daño mis ojos por todas las hijas de mi ciudad. Cazar me cazaron como a un pájaro, mis enemigos sin motivo. Lm 3,53: Sofocaron mi vida en una fosa y echaron piedras sobre mí. Sumergieron las aguas mi cabeza, dije: “¡Estoy perdido!”

 Yo he orado con ellos

Lm 3,55-63: Invoqué tu Nombre, Yahveh, desde la hondura de la fosa.

 Tú oíste mi grito: “¡No cierres tu oído a mi oración que pide ayuda!”. Te acercaste el día en que te invocaba, dijiste: “¡No temas!” . Tú has  defendido, Señor, la causa de mi alma, mi vida has  rescatado. Has visto, Yahveh, el entuerto que me hacían: ¡lleva tú mi juicio! Has visto toda su venganza, todos sus planes contra mí. Has oído sus insultos, Yahveh, todos sus planes contra mí, los labios de mis agresores y sus tramas, contra mí todo el día. Estén sentados o en pie, mira: yo soy la copla de ellos.

* Quien “presenció todo esto podría decir con verdad: “Soy el hombre que conoció el dolor de cerca (Lam. 1,3)

Dedicado al pueblo de Haití,  a todos los que se están entregando a sus gentes en estos momentos durísimos, pero, de manera especial a un puñadito de Hermanas Lauritas en Haití. Ellas tambén están viviendo, sufriendo y amado a los más pobres y víctimas de la tierra: http://asolafrica.wordpress.com

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