2.- Espiritualidad: “Id y anunciad”

RETIRO DIÓCESIS DE ZARAGOZA(Síntesis)  “Id y anunciad”Manolo BarcoI.      Introducción: 

A.     El problema antropológico y cultural de nuestro mundo en estos momentos

 B.     Hemos de evangelizar en este mundo y a este mundo

Evangelizar es renovar la humanidad con la fuerza del Evangelio:

 “Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Noticia a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad (…) si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambientes concretos.

Sectores de la humanidad que se transforman: para la Iglesia no se trata solamente de predicar el Evangelio (…) sino de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación” (EN 18 y 19).

Para evangelizar la Iglesia necesita ser “signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG, 1).

 II.     “Como el Padre me envió, así os envío también yo” (Jn 20, 21). Jesús, el Enviado del Padre. 

A.     El Padre envía a Jesús por amor al mundo  (Primer icono)

               Cuentan las crónicas que un día estaban cenando el Padre, el Hijo y el Espíritu, y que al Padre se le veía preocupado. A penas había tomado bocado, cuando se levantó de la mesa con gesto preocupado;  lentamente y como pensativo dirigió sus pasos a la ventana del cielo. Mientras, había cogido la servilleta por los dos extremos más separados, y con las manos, lentamente, iba enrollándola haciendo un tirabuzón. Se apoyó de espaldas a la ventana y terminó con la servilleta echa un nudo, después se volvió, se asomó por la ventana y se quedó contemplando la tierra como extasiado. Al poco tiempo se volvió hacia el Hijo y el Espíritu y les dijo: “No sé que hacer… me preocupa esa humanidad que con tanto amor la hicimos…, esa tierra que con tanto cariño creamos  y … ¡qué desastre!. Se me rompen las entrañas al contemplar este espectáculo. La Luz que colocamos en el corazón de la humanidad la han convertido en tinieblas, y la libertad que pusimos en la tierra, la han encadenado…! Nos han abandonado a nosotros y ahora, mirad, se matan entre ellos; los más fuertes se han  apropiado de la casa que construimos para todos, a los más débiles los han mandado a la cuadra.. Los que recibieron más dones para compartirlos con el resto, se los han apropiado en exclusiva. La autoridad que recibieron para ponerla al servicio de todos, la utilizan para oprimir, explotar, machacar y debilitar a los que tenían que servir en función de sus exclusivos intereses. Han puesto la casa patas arriba y han apagado el fuego que encendimos en su hogar. Los débiles y los que han sido despojados, les tienen miedo. Y cuando estos recuerdan que son imagen nuestra, que salieron de mis manos como la vasija de las manos del alfarero, e intentan hacérselo entender, los oprimen cada vez más. ¿Qué vamos a hacer? Hemos enviado a los  profetas, pero…. No han reaccionado. ¡No sé! ¿A quién enviaré?”

Entonces el Hijo y el Espíritu se cruzaron una cómplice mirada, se levantaron sin decir palabra, se acercaron al Padre y el Hijo le miró de frente, puso su mano sobre el hombro del Padre y le dijo: “¡Envíame a mí!”. “Aquí estoy, Padre, para hacer tu voluntad”. Y el Espíritu dijo: “Si lo envías a Él, me tendrás que enviar también a mí”.

Al Padre se le iluminaron los ojos, se quedó de nuevo pensativo, les sonrió a los dos y dijo: “Tú, Hijo, eres la Palabra, eres mi Sabiduría, eres la expresión de mi interioridad, tu eres, es verdad, quien mejor podrá expresar nuestra Luz, nuestra Vida …. Tu, al ser la Palabra, podrás expresar, gritar, anunciar mejor que nadie mi Proyecto. A ellos les hemos dado la posibilidad de comunicarse, de relacionarse y para eso le dimos la palabra…. Pero te he de dar un cuerpo como el suyo, un cuerpo en el que te encarnarás y así…. ¡claro!. Así se unirá en ti lo divino nuestro, con lo humano suyo! Así tu serás, sin dejar de ser Dios, un hombre como ellos.” Y el Padre repetía una y mil veces: “Eso es, la Palabra encarnada en su humanidad, encarnada en los pobres, encarnada en los crucificados…”.  Y mirando para el Hijo, le dijo: “Pero te daré un cuerpo de pobre… Tu serás pobre, asumirás desde la pobreza esa humanidad, la asumirás desde el deterioro, desde la debilidad, desde la cruz…, desde nuestros  hijos predilectos, desde los que más sufren las consecuencias del desastre en el que, entre todos, han convertido a la humanidad y a la tierra… Sólo nos falta una cosa”. Y mirando para el Espíritu, le dijo: “Tu irás delante, habitarás en una mujer sencilla y pobre, en una familia de sencillos trabajadores, en un pueblo pobre y sencillo. Eso es, la liberación la enviaremos encarnada en los oprimidos, la libertad, en los esclavos, la salvación, en la cruz… y todo este regalo lo acogerán en el compromiso. Así ellos serán sujetos, como los creamos. Eso es, nuestra fuerza liberadora aparecerá en el corazón de una humilde familia, se manifestará en la debilidad y nuestro amor se expresará en la Cruz. Pero es importante que, aunque nosotros trabajemos, que suden ellos. Están llamados a ser protago­nistas también. Por eso, ya desde el principio, haremos las cosas así, a lo pobre, desde los humildes y desde los débiles y crucificados: la  madre de Dios pobre, el pueblo de Dios pobre, el hogar de Dios una sencilla familia…” Y volviéndose al Hijo, le comentó: “Y tu nacerás de ella”… No había terminado de hablar el Padre cuando ya el Espíritu descendía hacia la tierra en busca de esa mujer que resultó ser María, desposada con José, el carpintero de Nazaret. Y el Hijo, tomó la mochila cargada con lo mínimo para el viaje y aguardó cola en la historia de la humanidad hasta que le tocara entrar en dicha historia..

Y mientras tanto… Dios seguía trabajando en la historia, trabajando la historia, preparando el momento apropiado para que entrara su Hijo en ella. Y llegado el tiempo, el Espíritu visitó a María de Nazaret, prometida de José el Carpintero y habitó en ella. Y el Verbo de Dios tomó carne humana, carne de humilde familia, carne de pobre y esclavo, naciendo en un pesebre, entre los despojos del mundo.

Y en este punto el cronista guarda silencio. A penas si nos da unos mínimos datos de esa familia. El cronista nos ofrece ese silencio como silencio de Dios, solo capaz de ser escuchado y acogido por los pobres de Yahvé, los anawin. Las familias humildes, siempre nos hacen topar con el silencio, con el silencio de Dios. El silencio forma parte de su cultura y también de su religiosidad.

Las crónicas solo nos han dejado unas pinceladas: que si el Carpintero no supo que hacer al ver a su mujer en cinta, que si descubrió –después de mucha oración y confrontar con las Escrituras- que lo que había en María era fruto del Espíritu, que si la familia tuvo que vivir una época como inmigrante o como exilada, que si el Hijo del Carpintero le dio un disgusto a los padres porque se les quedó en el templo y pensaron que se había perdido, que si después bajo con ellos a Nazaret y que siguió bajo su autoridad, como un joven trabajador más en el taller de su padre, creciendo en saber, en estatura  y en fervor de Dios y de los hombres.

Y el cronista vuelve a enfrentarnos con el silencio de la familia de Nazaret, con el silencio significativo de Dios, hasta que reanuda su crónica hablando de Jesús, el de Nazaret, que, a la edad más o menos de 29 años, hace su aparición en público, un día cualquiera, guardando cola en medio de los pecadores que acudían a que Juan los bautizara en el Jordán. Y que es en ese momento en el que Dios rompe su silencio y presenta en público a Jesús, el hijo del carpintero, reconociéndolo como su “Hijo amado, el predilecto”. Las crónicas terminan este pasaje subrayando la invitación de Dios: “¡¡Escuchadle!!”

 B.     Encarnado “probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado (Hb 4, 15)*  Se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre (Flp 2, 5-7)* El misterio de la encarnación es el gran misterio amoroso de Dios

* Sin encarnación, y sin encarnación significativa, no hay posibilidad de misión

* Nazaret es “señal” que se hace estilo de vida y llamada. Es el misterio de la irrelevancia de Dios. Irrelevancia, pequeñez y humildad son aspectos nada valorados en nuestra cultura. Hoy se cotiza el sobresalir, la cantidad, el poder, la arrogancia. Somos como Natanael: “De ahí puede salir algo bueno”

* Sin la experiencia de Nazaret y sin la experiencia del silencio y humildad de Dios, a la misión la convertimos en propaganda.

* “Vivir junto a…”, “Estar al lado de…” es reconocer y por lo tanto, dignificar.

* En Nazaret Dios apuesta por la irrelevancia y los excluidos. Jesús convierte Nazaret en estilo de vida de Dios.

* Jesús, en Nazaret, aprendió  a hacer de la presencia, ENCUENTRO; del encuentro Diálogo; del diálogo, TRASVASE MUTUO DE VIDA; de la vida, VECINDAD, de la vecindad, CONCIENICA DE PUEBLO; de la conciencia de pueblo, historia solidaria; y de la historia solidaria, HISTORIA DE LA SALVACIÓN.

 C.     Para ser buen Pan: “Yo soy el pan de vida…” (Jn 6, 35). Jesús, el Enviado del Padre como “Pan de vida” (Jn 6 )

* La misión de Jesús consistió en hacerse buen pan. Así es como Él se nos presenta y se nos ofrece: “Tomad y comed, este es mi cuerpo”  (Mt 26, 26). “Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. (…) El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mi “. (Jn 6, 53-58)

* En la entrega de la vida nos regala LA VIDA.

* La misión no es ofrecer cosas: tiempo, dinero, etc. Jesús se nos ha ofrecido a sí mismo. Todo lo que es él.

* A veces equiparamos la eficacia de la evangelización con los resultados mundanos que conseguimos: prestigio, fama, reconocimiento, medallas, poder, número, aplausos, etc etc. Y esta es la perdición y la asfixia de la misión. Esto tiene que ver mucho con la caridad. No hay verdadera misión sin caridad. Pero la caridad no es una inversión para conseguir resultados según la eficacia del mundo. Ni nuestras instituciones pueden tener la misma filosofía de los bancos, ni siquiera la misma filosofía de otros grupos u ONEGs humanitarias que tienen como objetivo el conseguir más dinero para así poder hacer más cosas para los demás. La misión-caridad de Jesús tuvo como objetivo otro muy distinto: la entrega de la vida a los demás desde la más profunda libertad para ofrecer el amor entrañable del Padre convirtiéndose en buen pan.

Misión y Caridad, íntimamente unidas. La caridad no es dar cosas sino compartir, amar, transparentar el amor de la Trinidad al  mundo.

* Para vivir la caridad y hacer la misión no hace falta tener riqueza, prestigio (si ser creíbles), poder…, sino AMOR.

* Dar la vida es la misión de Jesús: “para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Si convertimos la misión en caridad, la caridad se convierte en misión.

* La Eucaristía es la fuente de la misión. En la Eucaristía somos desapropiados de nosotros para ser “buen pan” para los hermanos. La Eucaristía nos envía a poner la mesa en medio del mundo, en el desierto de la vida…

* Entregamos la vida para ganarla. Pero no buscamos resultados, sino FRUTOS evangélicos. Poro no podremos dar frutos en la misión si está ausente el amor, pues los frutos no son el resultado de nuestro esfuerzo, sino del amor de Dios: “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor” (Jn 15, 9). Por eso hemos de distinguir muy bien, en la misión, los frutos de los resultados. Los resultados son consecuencia de nuestra mera sagacidad, de nuestros medios (y “a mejores y más poderosos y ricos medios, mayores resultado); los frutos evangélicos son la consecuencia del amor de Cristo a nosotros y de nuestro amor en Él.Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí” (Jn 15, 4). D.     “Se anuncia la Buena noticia a los pobres” (Mt 11, 5)

* La síntesis de la misión de Jesús: He venido para evangelizar a los pobres y anunciar un año de gracia” : “Esto se cumple hoy”.

* En la misión, los predilectos de Jesús son los pobres, aquellos que no son los predilectos del mundo.

* Y es que Jesús fue el rostro de Dios Padre, quien estuvo siempre a favor del débil, de aquellos a los que el mundo no le hacía justicia, de una manera especial. No hablamos de exclusividades. No obstante, escuchemos a Pablo VI: “Proclamar de ciudad en ciudad, sobre todo a los más pobres, con frecuencia los más dispuestos, el gozoso anuncio del cumplimiento de las promesas y de la Alianza propuestas por Dios, tal es la misión para la que Jesús se declara enviado por el Padre; todos los aspectos de su Misterio –la misma Encarnación, los milagros, las enseñanzas, la convocación de sus discípulos, el envío de los Doce, la cruz y la resurrección, la continuidad de su presencia en medio de los suyos- forman parte de su actividad evangelizadora” (EN 6). Y también a Juan Pablo II: La Iglesia está vivamente comprometida en esta causa (habla de la situación de los oprimidos y de la opción por la justicia), porque la considera como su misión, su servicio, como verificación de su fidelidad a Cristo, para poder ser verdaderamente la “Iglesia de los pobres”. Y los pobres se encuentran bajo diversas formas; …aparecen en muchos casos como resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano…”(LE, n. 8)

La caridad con los pobres consiste en compartir lo que somos y tenemos, darles a conocer a Jesucristo, hacerlos apóstoles pobres para los pobres reconociéndolos como protagonista de su vida y de la misión.

 E.     Jesús, el Enviado, realiza su misión como el acto más profundo de obediencia al Padre (Jn 6, 38).

* “He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado” (Jn 6, 38). Es un acto de voluntad, no de voluntarismo. Un acto como relación de amor entre el Padre y el Hijo. En el abrazo del Hijo al Padre (el Hijo vuelto al Padre), el Hijo descubre en el rostro del Padre a la humanidad  y es el amor del Padre y del Hijo quien hace que el Hijo se vuelva a los hermanos. La misión no es para Jesús un acto de resignación, como si en las relaciones (procesiones trinitaria) entre el Padre, el Hijo y el Espíritu, a Él le hubiera tocado la peor en suerte. Para el Hijo la voluntad del Padre era la Vida: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra”. Por otro lado, el Hijo siempre estuvo en relación profunda con el Padre y a los discípulos no hace más que revelarles al Padre. Lo vemos en cantidad de ocasiones en el evangelio. Él glorifica al Padre y quiere que nosotros lo glorifiquemos: Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5, 16).

* Jesús, “vuelto a Dios”, descubre en el rostro del Padre a la humanidad y a los pobres (y así “se vuelve hacia nosotros”).

En los momentos más duros, cercana la hora de ser traicionado, Jesús reaviva la obediencia al Padre: “Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú” (Mt 26, 39). Jesús tiene toda su confianza en el Padre e invita a sus discípulos a lo mismo: “No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino” (Lc 12, 32).

* El antídoto del “me apetece/no me apetece” es la obediencia amorosa y libre al Padre.

  III.    “Lo que hemos visto y oído, lo que tocaron nuestras manos… os lo anunciamos”  (I Jn 1, 1-3) 

A.     Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle” (Mt 17, 5)

B.     Cuando los pobres escuchan a Dios y nos muestran su amor: (Segundo icono)

La Sra. Antonia o la viuda del Evangelio.                        * Un día, a partir de la Pa­la­bra de Dios, hago una sen­cilla mención a cómo Jesús com­partía, como signo del amor del Padre-Dios a la fam­ilia de los  hombres; y cómo educ­aba a los discípulos en el compartir, en la solid­ari­dad con los pobres y nec­esit­ado­s… Terminamos la cele­bración y entra la Sra. An­tonia, una de las viejecitas. Apenas podía moverse con nor­malidad; el parkinson le había ido cogiendo cada vez más.­ Con una expresión de gran timidez y, sin a penas decir palabra, mete su mano en el bolso del abrigo y me la tiende ofreciendo 2.000 pts.. Solo le pude escuchar: “Se que en el barrio hay muchas necesidad­es, yo cobro una pensión muy baja (después me enteré que cobra 15.000 pt­s.) y no puedo compartir por aho­ra nada más, pero…”. Yo me quedé paralizado. Solo pensé: “El diezmo de quien gana solamente 15.000 pts. vale más que el diezmo de quien gana 200.000 pts.. ¡Jó, la beata!, me ha dado la homilía a mí”.            Os confieso que cuando en la  celebración de la Eucaristía me fijaba en la Sra. Antonia, en su rostro inex­presivo y con la mano movién­dosele a causa de la enfer­medad, en­tendía que su participación en la Eucaristía era toda una participación que colaboraba a hacer más histórica la Cel­ebración y que había sido tocada por la gracia y había sido conver­tida en gracia para mí y para los más pobres del barrio. C.     Discípulos en la misión

* Nuestra experiencia de Jesucristo es lo más original y originario de del Cristiano. El ser discípulos. Sin esta experiencia, no hay misión.

* Vivir nuestro ser discípulos en la misión es la única forma vivir la dimensión misionera del discipulado. Es decir, ser discípulos siendo apóstoles.

1.     . La vida, lugar de la presencia de Dios

* El mundo, la historia y las personas llevan la huella de Dios. Por eso podemos descubrir en ello al Dios Creador y Redentor.

* Nada queda fuera del alcance de la Encarnación del Verbo y del acontecimiento de la Resurrección, por eso podemos re-conocer a Jesucristo en la Vida.

* El Espíritu Santo ha sido derramado en nuestro corazones (como dice Joel). En Pentecostés recibimos el Espíritu del Resucitado. Por eso podemos descubrir los signos del Espíritu en medio del mundo. La dimensión contemplativa es característica del verdadero discípulo y apóstol de Jesucristo.

Mirar la vida con los ojos de Dios. ¡Cuidado con los prejuicios…!

2.     . Las Escrituras, lugar del conocimiento de Jesucristo, quien nos revela al Padre y nos entrega el Espíritu.* Conocer a Jesucristo lo es todo. Solo así podremos re-conocerlo en la vida y en la historia, en los acontecimientos. cuando vayamos a orar con el Evangelio:            – NO vayamos en primer lugar a intentar ver  cómo podemos ser mejores. Vayamos a ENCONTRARNOS con Jesucristo. Detengámonos en cómo se nos revela Jesús, cómo se nos manifiesta, contemplémoslo, dejemos que entre en nuestro corazón y hagamos la experiencia del ENCUENTRO  con Él, de su amor hacia nosotros, hacia el mundo; admirémoslo, dejemos que sea Él quien hable, aunque a veces sea en el silencio. Y reaccionemos ante Él con la alabanza, la acción de gracias, la sorpresa… Sintámonos queridos y amados por Él. Miremos a ver si algunos de los rasgos del rostro de Jesús que aparecen en el evangelio los descubrimos en la vida de los hermanos, de los grupos… Después de esto, sí, mirémonos y miremos nuestra vida, pero con sus ojos y descubramos cómo respondemos nosotros a su amor. Y con toda la paz, descubramos las llamadas que nos hace para responder mejor a su amor y entrega. D.     “Llamó a los que él quiso … para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar y expulsar demonios” (Mc 3, 13-15)

* La misión arranca de la vocación. No nos llamamos a nosotros mismos.

* Discípulos de Jesucristo, de una persona, no de una doctrina ni de unos valores. No confundir la evangelización con la transmisión de una ideología, por muy religiosa que sea.

La misión arranca del Bautismo, de nuestra incorporación a Cristo. Es decir, arranca de una VOCACIÓN, de una llamada

* Llamada-seguimiento-misión, íntimamente unidas. Ser discípulos de Jesucristo y no de una doctrina sin más. Ser discípulos de un maestro, del Maestro. Y eso supone sentarnos a los pues de Jesús para aprender. Para aprender a vivir, para vivir como sarmientos unidos a la vid, para vivir su propia vida, para dejarnos “cristificar” en expresión de los Santos Padres. Por eso hemos de trabajar nuestro ser discípulos/as de Jesucristo. Ser discípulos es una vocación y esa vocación se desarrolla en el seguimiento. “Tú, sígueme a mí” (Jn 21, 22). El seguimiento es hacer vida la respuesta a la llamada de Jesús.

* Id a los de fuera, pero no como los de Hare Krishna.

* Qué triste es descubrir que hay cristianos que solo van a hacer su apostolado a los recintos y locales de los templos. El campo de la misión es el mundo: “siendo propio del estado de los laicos el vivir en medio del mundo y de los negocios temporales, ellos son llamados por Dios para que, fervientes en el espíritu cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento. (A A 2. Pablo VI)

* De las 99 a la 1 cuando la 1 son las 99. Jesús nos habla de cómo fue en busca de la oveja perdida, de los fuera, y dejó a las 99 en el aprisco. Hoy no terminamos de darnos cuenta de esto. Hoy las 99 están fuera y pretendemos quedarnos con la 1 que está en el aprisco. Nos cuesta salir, contemplar a las 99 que están fuera, entrar en relación con ellas, cuales son las heridas de su corazón, cuales son sus experiencias humanas más profundas, estar muy atentos a los signos del Espíritu en sus vidas … para, a partir de ahí, irles acompañando, hacernos cargo de sus vidas, de sus sufrimientos, de sus gozos, de sus interrogantes, de sus frustraciones… y desde ahí, ayudar a leer toda es vida desde el Evangelio y hacerlo gratuitamente: “Gratis lo recibisteis, dadlo gratis”.. Y eso quiere decir que no nos hemos de enfadar si no responden en el momento que a nosotros nos gustaría. No hay verdadera evangelización si gratuidad.

* No hay verdadero primer anuncio si no se prepara y se abren procesos.

“Sin mí no podéis hacer nada”. Pero no domesticar a Jesús en la misión.

  IV.    Se despojó de sí mismo tomando condición de siervo … ” (Flp 2, 7) 

A.     El gozo en medio de las dificultades de la misión (Tercer icono)

La Sra. Eugenia o el amor del Padre con rostro de abuela.            * Otro día, minutos ant­es de salir a la celebració­n, yo preparaba un poquito la Pala­bra que iba a dirigir­les a aquellas mujeres-her­manas . Ahora, quien entraba por la puerta era Eugen­ia. Me pidió perdón por si me inter­rumpía; le hice sentar y le escuché: “Vive conmigo un nieto. Sus padres están emigrados en Alemania. Mi nieto tiene veintiséis años. Está en­ganchado a la droga. Le he tenido que echar de casa. Su tío, un hijo mío, me ha obli­gado a ello. Los vecinos tam­bién me han presionado. Les ha robado y saben quien es,  y…no se qué hacer” -me dec­ía la pob­re mujer secándose una a una las lágrimas-. Yo le escuchaba con atención y fui descubri­endo poco a poco ese cora­zón de abuela, hacie­ndo de madre, desgarrado y roto y sin en­contrar con­suelo… Y Eugenia no hacía más que rep­etir: “¿Y si le pasa algo?”.             Queda­mos en que le hiciera llegar el mensaje -puesto que se sabía por don­de andaba su nieto- que si en algún momento deci­día salir de la droga, que lo comunicara para echarle una mano… En la Eucaristía que celebramos a continuación sus ojos rojos y sus lágrimas eran la mejor forma de participar; eran la mejor ex­presión del amor del Padre Dios hacia nosotros sus hijos y hacia los hijos dis­persos por el mundo, fuera de la familia. El amor del Buen Padre hacia sus hijos ex­presado en el amor del Hijo Mayor en la Cruz. B.     “No toméis nada para el camino” (Lc 9, 3)* Jesús aquí es muy claro e insistente:No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento”. (Mt 10, 7-10). A veces nos preocupamos tanto de los medios que olvidamos al MEDIADOR. El poner todo nuestro interés en esos medios nos suelen impedir confiar en

quien produce frutos: el Espíritu. No es nuestra valía, nuestros esfuerzos, nuestros medios ricos. Más, los medios ricos nos pueden dificultar entender que quien da los frutos es el dinamismo de Dios.

* No caigamos en la tentación que rechazó Jesús: Utilizar el poder y la riqueza en la misión. A Jesús se le presento esta tentación revestida de urgencia y de eficacia. ¿Y a nosotros?. Jesús, siendo rico se hizo pobre para salvarnos con su pobreza: Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza” (2 Co 8, 9). Notemos que no se nos dice que nos salvó con la riqueza de la que se despojó, sino con la pobreza que asumió

* Si buscas resultados, tendrás que utilizar los medios ricos, poderosos (el poder, el dinero, el prestigio, la fama, la arrogancia..) Si buscas FRUTOS evangélicos, usa los medios pobres (el amor, la solidaridad, la sencillez, la pobreza, la humildad, el diálogo, la confianza en Dios, el no querer controlar todo…)

   C.     “Mirad que os envío como ovejas en medio de lobos” (Mt 10, 16)

* El Señor no nos dice que ante lobos, nos convirtamos en lobos, sino que aceptemos ser ovejas, lo asumamos y entendamos que nuestra fuerza está en debilidad; que en la debilidad, aparece más clara la fuerza de Dios.

* A veces vamos como acobardados por el mundo. Sin embargo, aunque hemos de ir siempre como unos “perdonados” y sin arrogancia, sí que hemos de ir sin miedo. Cristo va delante y Él no nos abandona. Nada nos puede separar de su amor: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?, como dice la Escritura: Por tu causa somos muertos todo el día; tratados como ovejas destinadas al matadero. Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó” (Rm 8, 35-37). D.     -“Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?” (Lc 23, 31)* Hemos de entender que tanto amor como la justicia, la paz solo pueden existir en este mundo crucificadas. Los poderes en tiempo de Jesús así lo hicieron. Nosotros, otros cristos, no vamos a tener otra suerte. Pero esta suerte es fecundidad misionera. No lo olvidemos. Nos puede parecer lo contrario, nos podemos llenar de pesimismo y hasta de impotencia, pero… el evangelio nos da la clave para vivir desde otra perspectiva. Estamos en la dimensión martirial de la misión. No olvidemos que: No es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía”. (Jn 13, 16). Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros (Jn 15, 20). Nos solemos olvidar de todo esto. Y cuando nos persiguen, montamos en cólera. ¡Que distinto es esto a la experiencia que hicieron los apóstoles: “Ellos marcharon de la presencia del Sanedrín contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre” (Hch 5, 41). Esta es la invitación a sufrir con gozo el sufrimiento y los ultrajes por la causa del Evangelio.Desde la fe, sin la cual no hay verdadera misión, podemos vivir el gozo de que Dios lleva adelante su plan a pesar a las contrariedades y sufrimientos. Y es aquí donde recibimos, por la gracia del Señor, el gozo del Enviado: en asumir que Dios lleva adelante el Reino a pesar de y a través del martirio del enviado. Estamos en la obediencia de la fe: “aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22, 43).  Hemos de meditar mucho y de escuchar la palabra y la vida de Jesús. Termino como empecé: “Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle” (Mt 17, 5) Y escucharle es acoger su palabra y su vida como mediación para la misión y la salvación.

 Cuando vamos como lobos contra los lobos, las heridas de los zarpazos nos hacen agresivos y solo sabemos maldecir y nos embarga la tristeza porque, en el fondo, nos han vencido en nuestro orgullo, que es lo que nos duele, y no tanto el que esas personas puedan descubrir el gozo de la salvación y liberación que trae Cristo.

   “Los laicos hechos partícipes del ministe­rio sacerdotal, profético y real de Cristo, cumplen su cometido en la misión de todo el pueblo de Dios en la Iglesia y en el mundo.                En realidad, ejercen el apostolado con su trabajo para la evangelización y santificación de los hombres, y para la función y el desempeño de los negocios temporales, llevado a cabo con espíritu evangélico de forma que su laboriosidad en este aspecto sea un claro testimonio de Cristo y sirva para la salvación de los hombres. Pero siendo propio del estado de los laicos el vivir en medio del mundo y de los negocios temporales, ellos son llamados por Dios para que, fervientes en el espíritu cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento. (Apostolicam Actuositaten 2. Pablo VI) 

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Una respuesta to “2.- Espiritualidad: “Id y anunciad””

  1. Esta es la síntesis de un retiro que di en las Vicarias de Zaragoza, al comienzo del curso 2007-2008.
    Os la ofrezco por si os sirve para algo.
    Un abrazo.
    Manolo Barco

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