Para el Estudio de Evangelio del 12 de octubre 2008

Una historia en la que siempre gana el que pierde,

EL AMOR

 

Ya estábamos acostumbrados a que el Maestro nos hablara en parábola, pues habían sido muchas las que últimamente le habíamos escuchado.  Llevábamos unos días en los que, con parábolas distintas, Él seguía insistiendo en lo mismo: en EL DERROCHE DE AMOR DE DIOS A SU PUEBLO aunque éste no respondía al mismo.  El Maestro parecía tener una obsesión grande en hacer entender al pueblo de Israel, y sobre todo a sus responsables religiosos, que la Ley sin espíritu, sin amor, hiere de muerte porque seca el corazón; y cuando el corazón se seca…

Las cosas no las podía decir más claras; las parábolas no eran más (¡ni menos!) que un signo, un sacramento, de quien era Jesús: el amor desbordante de Dios hecho AMOR ENTREGADO. Unos días antes nos había hablado de su entrega hasta la cruz, pero de eso nosotros todavía no teníamos la suficiente lucidez para entender y menos para acogerlo.

Cada una de las parábolas que pronunciaba manifestando el amor de Dios no dejaban de ser también una denuncia clara y nítida de la postura de los responsables del pueblo y del pueblo en general. El Maestro, el AMOR de Dios encarnado, se iba ganando la reacción de nuestros dirigentes que terminarían por crucificarlo. En algunos momentos, los que le seguíamos más de cerca, nos empezábamos a asustar un poco. Pedro me dijo, una vez terminada la parábola: “El Maestro se está metiendo en un terreno que no se cómo podrá salir después”. Yo en el fondo estaba de acuerdo con él. Juan también oyó el comentario de Pedro y se unió a nuestra conversación: “A mí me encanta ese Dios que nos manifiesta con su vida y su palabra, pero saldrá perdiendo; ¿no habéis oído que ha llamado asesinos a nuestros dirigentes ya varias veces? “. Pedro comentó “si solo fuera a los dirigentes… en el fondo está diciendo al pueblo de Israel que no es digno de la invitación a banquete del Reino… En el fondo tiene razón, pero…”. Yo intervine también: “Además, yo he entendido que el Reino se le dará a los pueblos paganos, con lo que el orgullo de Israel, por ser el pueblo elegido, lo ha tirado por la borda”.

Como os decía, estábamos un tanto confundidos y con sentimientos encontrados. El miedo se iba apoderando de nosotros y una cierta incertidumbre iba abriéndose paso en el corazón de los que le seguíamos. El caso es que, entre los que él llama ahora al banquete del Reino, no solo hay buenos, sino malos. También entre ellos hay alguno que ni siquiera acepta el vestido de fiesta que Dios ha puesto a su disposición.

Una vez que la gente se fue yendo, vinos venir a Andrés cabizbajo, andando lentamente, como pensativo… Al vernos nos miró y se encogió de hombros. Después de un momento en silencio, comentó: “Estoy contrariado; no sabéis lo que me atrae el Maestro manifestando y derrochando el amor de Dios a la humanidad; esto no lo puedo abarcar, pero es un imán tan fuerte que no puedo separarme de su círculo de atracción, ¡es genial! Pero… me la impresión de que perderá la partida”. Juan intervino: “¿será verdad que el amor, la entrega, la solidaridad… en este mundo solo pueden existir crucificadas? El Galileo está muy seguro”.  Y Pedro contestó: “Desde hace un tiempo no dejo de dar vueltas a aquello que él nos dijo un día, no se si lo recordaréis:  `El quiera ganar su vida, la perderá, pero el que la pierda, la ganará`. Eso parece una adivinanza, y sin embargo… también terminamos de escucharle la convicción que tiene de que el banquete del Reino se celebrará con o sin el pueblo de Israel, pero se celebrará”.

No había terminado Pedro de hablar, cuando el Maestro se nos acercó, posó sus ojos en nuestros rostros, exhaló una sonrisa y nos dijo con la sonrisa todavía en su cara: “Tened confianza, a vosotros os encomendaré la misma misión de los criados en la parábola: Id a las encrucijadas de los caminos y a todos los que encontréis convidadlos a la boda”. Él dio a Pedro una palmada en la espalda, siguió con su sonrisa al despedirnos y marchó. A menos de cincuenta metros estaba María su madre con otras mujeres del grupo y hacia allí dirigió sus pasos. Pedro, Andrés, Juan y yo, nos miramos, nos encogimos de hombros y nos marchamos a comer.

<Buen Estudio de Evangelio. Buen día de la Pilarica. Buen banquete…

<Las pistas para el Estudio de Evangelio de este domingo las tienes aquí>>>>orar-28c2badomto-a-12octubre-08-mt-221-14 

 

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Una respuesta to “Para el Estudio de Evangelio del 12 de octubre 2008”

  1. Gracias, Manolo, por regaalrnso esta nueva ventana para poder entrar en tu corazón. Y gracias por enviarme la dirección y así poder visitarte.

    Es una preciosa oportunidad para aproximarme a tu estatura humana de gigante, a tu profunda experiencia de fe y a tu compromiso incondiconal con este mundo nuestro tan amado por Dios.

    Gracias, también, por facilitarnos el encuentro con el Corazón de la Palabra, a través de tu corazón.

    Con cariño agradecido,

    Cecilia

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